martes, abril 03, 2007

Palabras

Muchas veces, a lo largo del día, se dan miles de situaciones dónde hay grandes problemas de comunicación. Decimos una cosa y la otra persona con la quien hablamos entiende una cosa diferente a la que queríamos transmitir, y al contrario. Total que tantas palabras que llegamos a decir y muchas veces no sirven para nada. Y después están las mentiras, como repito una y mil veces. Y eso, que entre mentiras y confusiones no llegamos a entendernos unos a otros.
Cuando tenemos manía a alguien, yo por lo menos, intento esconder esa manía y hablar como si para mi esa persona estuviera en la lista de mis favoritos. Sí, lo confieso, soy una falsa a veces. Más de las que quisiera. Pero también para redimir este pecado, puedo decir que más de una vez olvido que siento rechazo por esa persona y me sale hablarle bien porque si, porque me cuesta menos estar de buenas que de malas.
Por suerte durante las horas que estoy con gente, no tengo que fingir demasiado. Aunque claro, sería hipócrita decir que no lo hago nunca. Ya lo he confesado y continuaré diciéndolo sin remordimiento. Cuando es tan evidente que la otra persona está haciendo lo mismo que yo, ¿para que vivir engañada? A veces, y aunque suene cruel: ojo por ojo....